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El maltratador verbal: cómo es y a quién elige

¿Quiénes son los elegidos como víctimas del maltrato psicológico? Básicamente podríamos pensar en tres tipos de personas: Personas brillantes y atractivas,Personas vulnerables,Personas proactivas

Las palabras pueden herir y dejar cicatrices o marcas invisibles. Cuando eso ocurre, esas palabras se internalizan y comienzan a lastimar desde adentro, a provocar dolor emocional. La violencia verbal obedece a una multiplicidad de causas. Observemos algunos rasgos, de los muchos que podríamos mencionar, que posee una persona que es agresiva verbalmente:

   1. Pocas habilidades comunicativas. Cuando a una persona le falta asertividad, es decir, la capacidad de poner en palabras lo que le sucede, lo que siente, sus diferencias, puede pasar a la acción agrediendo al otro. Sabemos que el enojo es una emoción normal y natural, mientras que la violencia es una conducta aprendida. La pareja a la que le cuesta dialogar en paz suele caer en una escalada simétrica hasta la discusión. Frases como: “Acá se hace lo que yo digo y punto” son expresiones de alguien con poca capacidad de diálogo. Pero todo aquello que no ponemos en palabras, tarde o temprano, el cuerpo lo habla. Quien siente que no puede lograr algo a través de la palabra intentará lograrlo a través de la fuerza sintiéndose así poderoso, seguro, superior y triunfante.

2. Cosificación del otro. El objetivo de todo maltratador es demostrar algo: “Yo tengo poder sobre vos”. El otro es un objeto que utiliza a su antojo para satisfacer sus necesidades. Por eso, cuando alguien le pone un límite, o le dice que no, o disiente con él o ella, inmediatamente lo agredirá. Los demás están en su vida para obedecer sumisamente lo que les dice.

3 . Dificultad para el control de los impulsos. Las personas con rasgos infantiles no piensan, reaccionan. Pasan del deseo a la acción. A esto se lo denomina “proceso primario”. Mientras vamos creciendo y madurando, se instala en nuestro psiquismo el “proceso secundario”: deseo, evalúo y actúo. Por lo general, las personas agresivas son infantiles y funcionan en el proceso primario. No piensan, no evalúan, no poseen la capacidad de hacer una pausa y esperar; sencillamente actúan.

4. Frustraciones en otras áreas de su vida. Hay personas que están frustradas en su pasado, en su historia, en su trabajo, etc. Pero como no logran identificar su frustración, utilizan el mecanismo de desplazamiento, que consiste en desahogarse con el primero que tienen por delante. Puede ser su pareja, un compañero de trabajo o, incluso, una persona en la calle. El gran caudal de frustraciones acumuladas, conscientes o no, hace que en cualquier momento la persona pueda “estallar” agrediendo a quien tenga más próximo.

5. Dificultades para expresar sus sentimientos. La persona agresiva tiene baja empatía, le cuesta ponerse en los zapatos de los demás, pensar cómo se sentiría el otro al escuchar lo que le va a decir. Dicha dificultad para expresar sus emociones y sentimientos le hace construir un estilo comunicativo agresivo. En su bagaje emocional hay solamente dos o tres emociones predominantes: tristeza, bronca y alegría. No es capaz de identificar y conectar con lo que siente y con la multiplicidad de emociones que todos poseemos. Todo lo reduce a: “estoy enojado” o “estoy contento”.

6. Rigidez. Aquel que no reconoce sus propios errores posee rasgos narcisistas y piensa que los errores siempre vienen de afuera, de los demás. Por esta razón, interpreta las conductas de los otros como algo hecho “a propósito”. Este rasgo de baja introspección, por ejemplo, hará que cuando se entre conduciendo en una calle a contramano diga: “¡Pero mirá este incapaz qué mal que maneja!”. Sus actitudes suelen ser negativas y quejosas descalificando a quienes se le cruzan por el camino. Son los demás quienes hacen todas las cosas mal.

7. Uso de la agresividad para conseguir sus logros. El agresivo piensa según la “ley del más fuerte”: Solo triunfa el que aplasta al otro. No hay espacio para dialogar, pensar o hacer una pausa; todo debe ser realizado mediante la fuerza, el engaño o la descalificación al otro. Pero, como decía Víktor Frankl: “Nuestra mayor libertad es la libertad de elegir nuestra actitud”.

Quiénes son los elegidos como víctimas del maltrato psicológico?

Básicamente podríamos pensar en tres tipos de personas:

a. Personas brillantes y atractivas. Contrariamente a lo que se cree, muchos maltratadores sistemáticos no eligen a quien consideran que tiene baja estima, que no sirve, sino a alguien envidiable, que ha tenido logros. Esta envidia, consciente o inconsciente, es experimentada por el agresor, ya que debido a su inseguridad teme perder protagonismo. Busca así la manera de descalificar, burlarse y maltratar a quien cree que posee cualidades envidiables, sean bienes materiales o virtudes del carácter.

b. Personas vulnerables. Hay un tipo de maltratador que busca descargar su frustración en personas vulnerables, melancólicas, que están atravesando una crisis o un momento de debilidad. Entonces aprovecha para descargar su furia y su malestar en ellas.

c. Personas proactivas. Muchos agresivos ven como un peligro o una amenaza a su estatus, ya sea en sus amistades o en su trabajo, a las personas eficaces y trabajadoras. Como resultado, se vuelcan a descalificarlas o maltratarlas.

El maltrato verbal jamás construye ni es un medio para resolver problemas. Solo la gente segura y con una buena estima es capaz de tener empatía, de dialogar con el otro y de buscar construir juntos. Compite menos y coopera más. No necesita recurrir a la ridiculización, la descalificación, la trivialización, la oposición, la desvalorización, el desprecio, el reproche, la amenaza, la indiferencia, la crítica, para lograr sus objetivos.

Para concluir, cito una frase de la Madre Teresa que decía: “Ser compasivos y misericordiosos. Que nadie venga a ti sin irse mejor y más feliz de lo que vino”.

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